El comienzo del evento deportivo más importante del planeta. Ese torneo que cuenta con todos los condimentos necesarios para que el atleta se proponga participar al menos una vez en él. Y es que tiene interés público, competitividad, pasión, nivel y el infaltable espíritu amateur. Lo reúne todo. Es el lugar perfecto para el deportista. Es como la juguetería para el niño.
Contrariamente a lo que suele pasar en otras competencias o actividades, el debut de los Juegos Olímpicos fue más que exitoso. No comenzó desde abajo y fue subiendo escalón por escalón hasta llegar a la cima, porque desde el día 1 estuvo en ella. Esa relevancia de la que hablamos anteriormente no brilló por su ausencia jamás.

Hasta abril de 1896, nunca antes había existido un torneo que cuente con la participación de tantos países internacionales (14). Tampoco uno que haga desbordar de gente al primer gran recinto del mundo en la era moderna, el Estadio Panathinaikó. El dato que ratifica esto es el siguiente: el día de la inauguración se hicieron presentes 80mil personas, de las cuales pudieron ingresar 70mil. Su enorme cantidad de público superó cualquier tipo de estadística e incluso expectativa. La Ciudad de Olimpia de la antigua Grecia, dicen, era una locura.

De los 241 competidores, el que tuvo el honor de quedarse con la primera medalla de plata, más el certificado y la corona de hojas de olivo, fue el estadounidense James B. Connolly, en salto triple. Pese a quedarse con el 1º puesto, recibió la “crítica” del juez de turno, que le dijo que había saltado más alto que el resto pero que su estilo no era mejor que el de los griegos. Poco le importó, fue el primer campeón olímpico en 1.503 años.
Como en todos los JJ.OO, siempre hay una figura que sobresale. En Atenas 1896, ese papel lo tuvo Spiridon Louis, un griego del que poco se sabía hasta ese entonces. Su hazaña fue vencer en la prueba de Maratón (40 kilómetros), que era una especie de conmemoración a la batalla en la que los griegos derrotaron a los persas. Tras este hecho, Spiridon fue tratado como una auténtica leyenda. Los regalos y beneficios le llegaron por montones.
Las curiosidades no pueden faltar, y mucho menos si se habla de una competencia tan añeja, de cuando las costumbres a la hora de competir eran otras completamente distintas. Una muestra de ello es la manera en la que se comunicó la victoria del atleta estadounidense Thomas Burke, que en la prueba de los 100 metros largó apoyándose en el suelo, como se hace actualmente, generando una confusión en los espectadores y la prensa, que decían: “ganó pese a la incómoda postura de salida”.
Otro hecho llamativo es el del nadador Alfréd Hajós, que, según comentó, “ganó para no morirse ahogado”. El húngaro fue uno de los nueve que se atrevieron a medirse en la prueba de 1.200 metros que se realizaba en el mar abierto El Pireo. Los organizadores lo dejaron en el punto de salida y se marcharon. Pero con el pasar del tiempo, las cosas se fueron complicando, al punto de que poder respirar se le hacía sumamente difícil. Fue por esto que optó por pedir ayuda, aunque sin éxito alguno. Estaba solo contra el mar, desesperado y con miedo. Igualmente logró llegar a la meta y ganar la carrera. Los otros competidores, por su parte, abandonaron todos menos dos.

La conversación entre Hajós y el Rey Jorge post prueba no tiene desperdicio:
– Jorge: “Dígame, muchacho, ¿En dónde aprendió a nadar de esta manera?”
– Hajós: “En el agua, majestad”
Un divino.
El luchador y gimnasta alemán Carl Schuhmann fue el más ganador de la primera edición de los Juegos Olímpicos, con un total de cuatro medallas de oro (aunque eran de plata, já).
Los 11 deportes pactados fueron los siguientes: atletismo, ciclismo, esgrima, gimnasia, halterofilia, lucha, natación, tenis, tiro, vela y remo. Estos dos últimos no pudieron realizarse debido a las condiciones climáticas.

Los países participantes fueron Alemania, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Hungría, Grecia, Italia, Reino Unido, Suecia y Suiza. Importante mencionar que en esos momentos, Australia formaba parte de Reino Unido; Austria conformaba lo que se conocía como Austria-Hungría, pero los atletas austriacos participaban por su cuenta, al igual que los de Hungría, Croacia, Eslovaquia, Transilvania y Voivodina; y Grecia tenía también a representantes de Chipre y Esmirna.
Este juego no tuvo participación femenina.
Hasta acá los sucesos más relevantes de Atenas 1896. Con sus particularidades, su gran asistencia y colorido, quedaron en las páginas de historia como unos Juegos Olímpicos extraordinarios. Fue el comienzo de todo.
Próximo JJ.OO: Paris 1900.
