LA PIEL, LA SANGRE Y LA VIDA EN LA CANCHA

Entre los 12 hijos que tuvieron los italianos Rosa Florio y Jaboco Urso, destaca uno que lleva el mismo nombre y apellido que su padre. Apasionado del fútbol, el Mártir se convirtió en una leyenda del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. No por ganar títulos o anotar goles, ya que no era su principal función, dado que jugaba de half izquierdo (mediocampista izquierdo). Tampoco por haber sido el primer jugador del Ciclón en vestir la casaca de la Selección Argentina, algo que es completamente real pero no suficiente como para ponerle ser el nombre del museo del club. Jaboco Urso pasó a la eternidad por demostrar tener coraje, valentía y hasta incluso algo de épica en un encuentro disputado allá por julio de 1922.

El archivo nos hace retroceder 98 años para recordar un encuentro que, en ese momento, no era tema principal de los diarios deportivos argentinos. Y es que la décimo tercera fecha del torneo que organizaba la antigua Asociación Amateurs de Football enfrentaba a San Lorenzo contra Estudiantes, también llamado Estudiantes de Buenos Aires (no confundirse con Estudiantes de La Plata). El Ciclón llegaba como el gran favorito, pese a jugar de visitante. Se ubicaba 4to en la tabla que lideraba Independiente, mientras que su rival estaba anteúltimo.

En el estadio situado en Palermo comenzaba un encuentro que, según comentaron los periodistas en el diario vespertino de El Telégrafo, poco a poco fue picándose. Y la jugada que refleja esto es la ocurrida en el segundo tiempo, la cual tiene a Urso como protagonista principal: el volante recibió la pelota e inmediatamente fue marcado bruscamente por el alemán Juan van Kamenade y el mediocampista Cómoli. Este último le propinó un codazo durísimo a Jacobo, que terminó con dos costillas fracturadas y con el riñón derecho perforado por una de estas dos.

Por el dolor y las consecuencias posteriores, lo más lógico hubiese sido que abandone el terreno de juego, pero no fue así. El nacido en Dolores no dudo ni un segundo y volvió a la cancha tras ser atendido a un costado durante unos cuantos minutos. En esos tiempos, no existían los cambios, por lo cual si un jugador decidía salir por lesión u otro motivo, el equipo se quedaba con 10 futbolistas. Y justamente eso era lo que quería evitar Jacobo Urso. Su prioridad no fue su salud, fue San Lorenzo.

Algunos dicen que se lo vio escupir sangre más de una vez mientras transcurría en partido. Otros, afirman haberlo visto correr detrás del balón, con un pañuelo todo ensangrentado. Mitos o realidades, lo cierto y cien por ciento confirmado es que el chico de 23 años completó todo el encuentro (ganó SL 1-0) y que posteriormente fue llevado al hospital de Ramos Mejía, donde permanecería internado.

Jacobo Urso en el hospital, acompañado por un periodista.

Estuvo una semana internado, fue operado en dos ocasiones y finalmente falleció el domingo 6 de agosto a las 18.05 hs. Acompañado de miles de hinchas (7.000 aproximadamente), su cuerpo fue llevado hasta el cementerio del Oeste, actual Cementerio de la Chacarita. El camino inició en el Viejo Gasómetro, donde sus compañeros le hicieron dar una vuelta olímpica al cajón que lo transportaba.
Hoy, en el primer piso de la platea norte del estadio Pedro Bidegain, se encuentra un museo que exhibe los trofeos, camisetas y gloriosos momentos de San Lorenzo. Dicho lugar lleva el nombre de Jacobo Urso, el joven de 23 años que se dejó la vida por el Ciclón, 98 años atrás.

Jacobo será recordado por siempre en Boedo.

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